El sueño representa aproximadamente un tercio de nuestra vida. Mucho más que una simple pausa, es un proceso fisiológico indispensable para nuestra supervivencia. La privación total de sueño puede provocar la muerte en cuestión de semanas.
Los estudios científicos recientes muestran una relación directa entre la calidad del sueño y algunas de las principales enfermedades graves, incluidos el cáncer y las enfermedades cardiovasculares.
Sin embargo, nuestro estilo de vida y la sobreexposición a las pantallas reducen cada vez más nuestro tiempo de sueño. Un estudio francés (INSVMGEN) estimó una pérdida media de 90 minutos de sueño por noche durante los últimos cincuenta años.
Antes de abordar las soluciones, es importante distinguir entre una simple falta de sueño y los verdaderos trastornos del sueño.
Si sufres insomnio, despertares nocturnos frecuentes u otras alteraciones crónicas, consulta también nuestra guía completa dedicada a los trastornos del sueño, sus causas y tratamientos.
En este artículo analizamos los riesgos de la falta de sueño y las soluciones concretas para recuperar un sueño reparador.
¿Qué es el sueño? Definición y ciclos
El sueño es un estado caracterizado por una disminución de la consciencia, del tono muscular y de la sensibilidad sensorial, que se contrapone al estado de vigilia.
Se desarrolla en varios ciclos de entre 1 y 2 horas que incluyen dos fases principales:
Sueño lento y profundo
Después de conciliar el sueño y pasar por una breve fase de sueño ligero, el cuerpo entra en una fase de sueño lento y profundo. Esta etapa se caracteriza por una ralentización general de la actividad muscular, cardíaca, sensorial y cerebral. Es la fase más reparadora para el organismo.
Sueño REM
El sueño REM (Rapid Eye Movement o movimientos oculares rápidos) se caracteriza por una actividad cerebral cercana a la vigilia, a pesar de que el tono muscular es muy bajo. Es la principal fase en la que se producen los sueños y desempeña un papel esencial en la consolidación de la memoria y la regulación emocional.
A medida que avanza la noche, la proporción de sueño REM aumenta progresivamente. Con la edad, disminuyen tanto la profundidad del sueño lento como la duración del sueño REM, lo que explica en parte por qué las personas mayores suelen tener un sueño menos profundo.
La siesta: un miniciclo reparador
Aunque es una práctica habitual entre los niños pequeños, la siesta puede seguir siendo beneficiosa a lo largo de toda la vida. En los adultos, una siesta corta de entre 15 y 20 minutos de sueño ligero puede ayudar a recuperar la atención y reducir el cansancio sin provocar un despertar difícil. Si se prolonga demasiado, aumenta la posibilidad de entrar en sueño profundo y despertarse con sensación de aturdimiento.
¿Cuántas horas hay que dormir? Las necesidades según la edad
Las necesidades varían de una persona a otra, aunque estas diferencias suelen ser limitadas (aproximadamente ±10 % respecto a las necesidades medias).
La agencia francesa Santé Publique France recomienda las siguientes duraciones:
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Grupo de edad |
Horas recomendadas |
Media real (Francia) |
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3–5 años |
10–13 h |
— |
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6–13 años |
9–11 h |
— |
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Adolescentes |
8–10 h |
A menudo < 8 h |
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Adultos |
7–9 h |
6 h 55 (6 h 42 entre semana) |
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Personas mayores |
7–8 h |
— |
¿Lo sabías? En Francia, uno de cada dos adultos afirma tener un sueño alterado y cerca de un tercio de la población presenta un déficit crónico de sueño.
Este déficit es más frecuente entre las mujeres que entre los hombres.
La mayoría de los adultos necesita dormir entre 7 y 9 horas. Despertarse sintiéndose descansado sin necesidad de despertador es uno de los mejores indicadores.
La regularidad del sueño: un factor clave que a menudo se subestima
No solo importa cuánto dormimos, sino también la regularidad de nuestros horarios.
Un estudio británico realizado con más de 60.000 personas seguidas durante varios años (Windred et al., 2023) mostró que una mayor regularidad del sueño se asociaba con:
- Una reducción de entre el 20 % y el 48 % del riesgo de mortalidad por cualquier causa
- Una reducción de entre el 16 % y el 39 % del riesgo de mortalidad por cáncer
- Una reducción de entre el 22 % y el 57 % del riesgo de mortalidad cardiometabólica
El organismo percibe las variaciones en los horarios como un factor de estrés. Se recomienda evitar desplazar las horas de acostarse y despertarse más de una hora.
Este impacto es aún más importante en niños y adolescentes, cuyos ritmos biológicos son más sensibles a las alteraciones.
¿Cuáles son los riesgos de la falta de sueño?
Un déficit crónico de sueño se asocia con numerosos problemas graves de salud:
- Debilitamiento del sistema inmunitario
- Mayor riesgo de cáncer
- Enfermedades cardiovasculares y metabólicas (diabetes, obesidad)
- Alteraciones cognitivas, pérdida de memoria y disminución de la concentración
- Depresión, ansiedad y desregulación emocional
- Reducción de la esperanza de vida
¿Cómo mejorar el sueño? Soluciones naturales respaldadas por la ciencia
Es importante distinguir entre las soluciones destinadas a facilitar la conciliación del sueño y aquellas que ayudan a mejorar su profundidad.
1. Facilitar la conciliación del sueño: el papel de la melatonina
La melatonina es la hormona que interviene en la conciliación del sueño.
Su secreción se activa cuando disminuye la luz al final del día. La luz artificial de las pantallas (smartphone, tableta, televisión) puede alterar este mecanismo natural al retrasar el pico de melatonina.
Para facilitar la conciliación del sueño:
- Atenuar las luces al menos entre 30 y 60 minutos antes de acostarse
- Evitar las pantallas durante ese mismo periodo
- Utilizar un antifaz para dormir si existe exposición a luz residual
- En caso de jet lag o estrés puntual: suplementación con melatonina (1,9 mg/día para adultos)
Si, a pesar de mantener unos buenos hábitos, las dificultades persisten durante varias semanas, podría tratarse de un verdadero trastorno del sueño.
En nuestro artículo específico explicamos los diferentes tipos de trastornos del sueño, sus síntomas y los tratamientos disponibles.
2. Mejorar la profundidad del sueño: actividad física, confort y serotonina
Diversos estudios científicos muestran que realizar al menos 30 minutos de actividad física al día —incluso repartidos en 3 sesiones de 10 minutos— puede mejorar significativamente diferentes parámetros del sueño:
- Conciliación del sueño
- Profundidad
- Duración
En cuanto al confort del dormitorio, una habitación fresca combinada con una manta cálida puede crear un entorno favorable para dormir, ya que el descenso de la temperatura corporal facilita el sueño profundo.
En la gestión del estrés y la calidad del sueño profundo, la serotonina (5-HT) desempeña un papel central. Tres micronutrientes intervienen en su síntesis:
- Magnesio
- Triptófano
- Vitamina B6
Las plantas adaptógenas y relajantes (melisa, manzanilla, pasiflora, ashwagandha) también cuentan con estudios que respaldan su interés para ayudar a reducir el estrés y mejorar la calidad del sueño.
El sueño en niños y adolescentes: una prioridad de salud pública
Los niños y adolescentes son aún más sensibles a la falta de sueño que los adultos.
La presencia de pantallas en los dormitorios altera las rutinas para conciliar el sueño y genera una estimulación nerviosa poco compatible con un descanso tranquilo.
Prioridades para niños y adolescentes:
- Establecer una rutina relajante antes de acostarse (baño, lectura, música suave)
- Evitar las pantallas al menos 1 hora antes de apagar las luces
- Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, también durante el fin de semana
- Favorecer la actividad física diaria
- El magnesio puede utilizarse en las dosis pediátricas adecuadas
- Cualquier otra solución (melatonina, fitoterapia) debe ser validada por un médico
Conclusión: haz del sueño una prioridad
Dormir no es perder el tiempo: es una inversión esencial para la salud física, mental y la longevidad.
En una época en la que las pantallas ocupan cada vez más nuestras noches y el estrés crónico forma parte de la vida cotidiana, recuperar un sueño suficiente y regular es una de las medidas preventivas más importantes para preservar el equilibrio a largo plazo.
Existen múltiples soluciones que suelen ser complementarias: una buena higiene del sueño, actividad física regular, una alimentación equilibrada y determinados micronutrientes o plantas cuyos efectos han sido estudiados científicamente.
Cuando estas medidas no son suficientes, es importante consultar a un profesional sanitario para identificar una posible causa subyacente.
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Bibliografía y fuentes
1. Windred DP et al. (2024). Sleep regularity is a stronger predictor of mortality risk than sleep duration: A prospective cohort study. Sleep, 47(1), zsad253. https://doi.org/10.1093/sleep/zsad253
2. Gardiner PM, Kinnafick FE, Breen KC, Hartescu I. (2026). Physical Activity as a Tool to Improve Sleep Quality for Secure Psychiatric Inpatients: A Feasibility Study. J Sleep Res. Feb 2026. PMID: 40369847.
3. Hartescu I, Morgan K, Stevinson CD. (2015). Increased physical activity improves sleep and mood outcomes in inactive people with insomnia: a randomized controlled trial. J Sleep Res. https://doi.org/10.1111/jsr.12297





