El cadmio es un metal pesado presente de forma natural en los suelos. Las plantas lo absorben y, de este modo, entra en la cadena alimentaria. Otras posibles fuentes de exposición al cadmio se encuentran en el aire —partículas procedentes de la contaminación— y, sobre todo, en el humo del tabaco.
El cadmio no desempeña ninguna función biológica beneficiosa y, al igual que otros metales pesados, es bastante difícil de eliminar. Por ello, puede acumularse en el organismo durante años sin provocar síntomas visibles. Sus efectos suelen manifestarse demasiado tarde como para poder revertirlos fácilmente.
En marzo de 2026, la Agencia Nacional Francesa de Seguridad Sanitaria de la Alimentación, el Medio Ambiente y el Trabajo (Anses) publicó una evaluación inédita de la exposición de la población francesa al cadmio. La conclusión es preocupante: cerca de la mitad de la población adulta supera los valores sanitarios de referencia [1].
Comprender qué es el cadmio, de dónde procede y cómo afecta al organismo se ha convertido en una cuestión de salud pública. Esto es lo que hay que saber.
El cadmio: origen y descubrimiento de un metal pesado sin ninguna utilidad para el organismo
No todos los metales tienen la misma importancia biológica. Algunos son esenciales para nuestra salud: el zinc, el hierro, el cobre y el manganeso desempeñan funciones específicas en el organismo.
El cadmio, en cambio, no desempeña ninguna. No se le conoce ninguna función biológica y resulta tóxico cuando se acumula.
Descubierto en 1817, el cadmio se utilizó inicialmente en la industria: baterías, revestimientos anticorrosivos y pigmentos para pinturas. Actualmente está clasificado como carcinógeno, mutágeno y tóxico para la reproducción, propiedades que los científicos agrupan bajo el acrónimo CMR [2]. Esto significa que puede provocar cáncer, mutaciones genéticas y alteraciones de la fertilidad. Se trata de una de las clasificaciones más severas en toxicología.
A diferencia de algunos contaminantes que se eliminan con relativa rapidez, el cadmio se acumula en los tejidos con el paso de los años.
Su vida media en el organismo —es decir, el tiempo necesario para eliminar la mitad de la cantidad absorbida— se estima entre 10 y 30 años en los riñones [2]. Por eso resulta especialmente difícil de gestionar para el organismo.
Cómo llega el cadmio a nuestro organismo y a nuestros alimentos
El tabaco, principal fuente de exposición
La principal fuente de exposición para la población general sigue siendo el humo del tabaco, incluido el tabaquismo pasivo. Una persona que fuma habitualmente puede presentar una concentración de cadmio entre dos y tres veces superior a la de una persona no fumadora [3].
El cadmio en la alimentación
En la población no fumadora, la alimentación es la principal fuente de acumulación de cadmio.
Según el informe de la Anses de 2026, representa hasta el 98 % de la carga corporal de cadmio en las personas no fumadoras [1].
Pero ¿cómo llega este metal al pan o a las patatas?
El mecanismo es sencillo. El cadmio está presente de forma natural en los suelos, en concentraciones muy variables según su origen geológico. Algunas zonas naturales, como los bosques escandinavos, tienen suelos muy ricos en cadmio. En Francia, los fertilizantes fosfatados utilizados en la agricultura proceden mayoritariamente de una región rica en cadmio —el norte de África—, lo que explica en gran medida el aumento observado en los niveles de los suelos, en todo tipo de cultivos.
Cabe señalar que otros países europeos utilizan con mayor frecuencia fertilizantes fosfatados procedentes de Europa del Este, con un contenido de cadmio mucho menor.
El cadmio es absorbido por las raíces de las plantas y se acumula en los tallos, las hojas y los granos. De este modo, entra en la cadena alimentaria sin que el consumidor pueda verlo, olerlo ni detectarlo.
Los alimentos que más contribuyen a la exposición al cadmio
Los alimentos que más contribuyen a la exposición diaria no son necesariamente los más contaminados de forma individual, sino aquellos que se consumen en grandes cantidades y con frecuencia:
- El pan
- Los cereales para el desayuno
- El arroz
- La pasta
- Las patatas [1].
Entre los alimentos de origen animal, los moluscos, los mariscos y las vísceras concentran más cadmio. Sin embargo, en Francia se consumen de forma más ocasional, lo que limita su contribución global.
¿Está realmente expuesta al cadmio la población francesa?
El informe de la Anses publicado en marzo de 2026 revela que el 47,6 % de la población adulta francesa supera los valores toxicológicos de referencia para el cadmio [1].
Los niños también están expuestos. Entre el 23 % y el 27 % superan la ingesta diaria tolerable [1]. Los más pequeños, debido a su bajo peso corporal y a una alimentación a menudo rica en cereales, son especialmente vulnerables.
La misma lógica se aplica a las personas vegetarianas, cuya dieta suele contener más cereales, legumbres y semillas, alimentos que pueden concentrar cadmio.
El riesgo es acumulativo y silencioso. Se desarrolla durante décadas sin señales de alarma, y precisamente por eso constituye un problema de salud pública difícil de abordar.
¿Cuáles son los efectos del cadmio en la salud?
Una de las características más preocupantes del cadmio es la ausencia de signos visibles asociados a su ingesta.
Puede acumularse durante veinte años en el organismo sin provocar ningún síntoma visible. Cuando sus efectos se manifiestan, los órganos afectados suelen haber sufrido ya daños difíciles de revertir.
Los riñones: el principal órgano afectado por el cadmio
Los riñones son el órgano más expuesto al cadmio. Es allí donde se acumula prioritariamente y donde provoca las primeras lesiones. Una exposición prolongada, incluso a dosis bajas, puede alterar su capacidad para filtrar los residuos y provocar, con el tiempo, insuficiencia renal [2].
Los huesos: fragilidad y riesgo de fracturas
El cadmio interfiere en el metabolismo del calcio y de la vitamina D, dos elementos esenciales para la fortaleza ósea. La exposición crónica favorece la desmineralización y aumenta el riesgo de osteoporosis y fracturas [2].
El hígado, el sistema cardiovascular y la fertilidad
El hígado es el primer órgano que recibe el cadmio tras su absorción intestinal. Elimina una parte de él, un aspecto esencial que desarrollamos en el apartado siguiente. Sin embargo, una exposición elevada y continua acaba provocando su acumulación. Algunos estudios han observado marcadores de daño hepático en personas muy expuestas [4].
En el ámbito cardiovascular, una sobreexposición al cadmio se asocia a un mayor riesgo de enfermedades cardíacas. El cardiólogo Pierre Souvet, presidente de la Asociación Francesa de Salud Ambiental, estima que el exceso de riesgo de mortalidad relacionado con el cadmio podría alcanzar el 44 % [3].
Por último, el cadmio altera la fertilidad masculina y femenina, una propiedad tóxica para la reproducción reconocida por las autoridades sanitarias europeas [2].
El hígado, primera línea de defensa frente al cadmio
Antes de llegar a los riñones, los huesos o el sistema cardiovascular, el cadmio pasa por el hígado. Este órgano es el primero en recibir el metal absorbido por el intestino y dispone de mecanismos para neutralizarlo y prepararlo para su eliminación. El hígado constituye la principal línea de defensa del organismo frente a los metales pesados.
Para cumplir esta función, el hígado se apoya en mecanismos biológicos específicos, enzimas, proteínas y antioxidantes cuya producción depende directamente del aporte de determinados micronutrientes.
Si faltan estos micronutrientes, las defensas hepáticas se debilitan y el cadmio se acumula en mayor proporción.
Tres elementos desempeñan un papel clave: el zinc, la metionina y el selenio.
Estos tres nutrientes apoyan la capacidad del hígado para hacer frente a los metales pesados, cada uno a su manera y de forma complementaria. La primera medida de protección frente a un riesgo difícil de prever consiste, por tanto, en asegurar un aporte adecuado de estos elementos.
Sus mecanismos de acción se explican con detalle en nuestro artículo dedicado a la desintoxicación del hígado.
¿Cómo reducir el impacto del cadmio en el día a día?
El riesgo asociado al cadmio es acumulativo y se desarrolla durante décadas. Esto también significa que los cambios progresivos pueden tener un efecto real a largo plazo.
La primera prioridad es, evidentemente, evitar el tabaco y la exposición al humo ajeno.
La segunda consiste en mantener el hígado en las mejores condiciones posibles para que pueda eliminar la mayor cantidad de cadmio ingerido involuntariamente.
En cuanto a la alimentación, conviene ser conscientes de nuestros limitados medios de actuación, ya que no conocemos con exactitud el contenido de cadmio de los alimentos que vamos a consumir, pues depende de su origen geográfico, del método de cultivo y de otros factores.
La Anses recomienda especialmente limitar el consumo diario de productos dulces y salados a base de trigo, como cereales para el desayuno, galletas y bollería [1]. En el caso de los niños, esta precaución es todavía más importante.
En cuanto a los productos ecológicos, los procedentes de la agricultura ecológica contienen, de media, menos cadmio, especialmente porque el uso de fertilizantes fosfatados está más estrictamente regulado. Un metaanálisis publicado en el British Journal of Nutrition en 2014 observó concentraciones de cadmio un 48 % inferiores en los cultivos ecológicos [5]. Sin embargo, la certificación ecológica no constituye una garantía absoluta, ya que los fertilizantes orgánicos también pueden aumentar el contenido natural de los suelos.
Lo que hay que saber sobre el cadmio
El cadmio es un metal pesado sin utilidad biológica, clasificado como carcinógeno, mutágeno y tóxico para la reproducción. Entra en el organismo principalmente a través de la alimentación, se acumula silenciosamente durante décadas y afecta sobre todo a los riñones, los huesos y el hígado. Los datos franceses más recientes muestran una exposición preocupante en cerca de la mitad de la población adulta.
Ante esta realidad, se puede actuar en dos niveles:
1) Reducir la exposición evitando el humo del tabaco y realizando ajustes alimentarios, aunque su alcance sigue siendo difícil de medir mientras no se disponga de información más precisa.
2) Apoyar al hígado mediante un aporte adecuado de micronutrientes hepatoprotectores, como el zinc, para favorecer los mecanismos biológicos de eliminación.
Bibliografía
[1] Anses. ¿Qué es el cadmio y cuáles son los riesgos para la salud? Agencia Nacional Francesa de Seguridad Sanitaria de la Alimentación, el Medio Ambiente y el Trabajo. Saint-Maurice (Francia); 2026. Disponible en: www.anses.fr
[2] Centro Léon Bérard. El cadmio y sus compuestos. Portal Cáncer y Medio Ambiente. Lyon (Francia); 2025.
[3] Souvet P., Asociación Francesa de Salud Ambiental (ASEF). Cadmio y alimentación: ¿debemos preocuparnos? Citado en Harmonie Santé, 2025.
[4] Li Y., Shi Y., Huang M. et al. Selenium status, cadmium exposure, and hepatotoxicity biomarkers: a meta-analysis. Environmental Research, 2020; 183: 109217.
[5] Barański M. et al. Higher antioxidant and lower cadmium concentrations and lower incidence of pesticide residues in organically grown crops: a systematic literature review and meta-analyses. British Journal of Nutrition, 2014; 112: 794–811.





